Postres con cerveza: recetas fáciles y originales

¡Hablemos claro! Si eres de los que piensa que la cerveza solo sirve para acompañar unas bravas o para refrescarte en un día caluroso, estás viviendo tu vida gastronómica a medias. Sí, nuestra Moritz de toda la vida es la reina indiscutible del tardeo, pero hoy venimos a desbloquearte un nivel culinario superior.

Imagina fusionar el frescor de una buena birra con el momento más sagrado de cualquier comida: el postre. Saca la libreta, enciende el horno y prepárate para descubrir cómo las recetas de postres con cerveza van a cambiar tus cenas con colegas para siempre.

¿Se pueden hacer postres con cerveza?

Sí, se pueden hacer recetas con cerveza (de hecho, si no lo has hecho ya, estás perdiendo puntos de carisma culinario). Combinar el lúpulo con el dulce puede sonar al principio tan caótico como mezclar churras con merinas, pero la realidad científica y sensorial es que son almas gemelas.

La cerveza se utiliza como un ingrediente funcional y aromático debido a sus propiedades químicas y organolépticas:

  • Aporta esponjosidad: Las levaduras residuales de la cerveza reaccionan con el calor del horno, actuando como un impulsor natural que aporta aire y volumen a masas y bizcochos.
  • Añade humedad: Los azúcares no fermentados de la malta retienen la humedad interna, consiguiendo texturas sedosas, densas y deshechas sin necesidad de añadir grasas extra.
  • Equilibra los sabores: El amargor del lúpulo equilibra el dulzor excesivo de los postres, mientras que las maltas tostadas potencian los sabores del cacao, el café y los frutos secos.
  • Limpia el paladar: La carbonatación de la cerveza actúa cortando la pesadez de ingredientes densos como la mantequilla, el queso crema o el chocolate.

Cuando elaboramos recetas dulces con cerveza, el éxito radica en elegir el estilo adecuado: la cerveza tostada y las oscuras (como las Porter o Stout) son idóneas para postres con chocolate, mientras que las cervezas claras y ligeras (como las Lager o de trigo) combinan mejor con frutas, cítricos y cremas suaves.

¿Qué cerveza es mejor para hacer postres?

Para elegir la mejor cerveza para hacer repostería, la regla fundamental es guiarse por el color y el perfil de sabor de las maltas, buscando siempre la afinidad o el contraste con el resto de ingredientes:

  • Cervezas negras y oscuras: Son las mejores para postres contundentes, recetas con chocolate puro, cafés o frutos secos gracias a sus notas de café y cacao. Nuestra recomendación: Usa la Moritz Negra Fresca para clavar la tarta de cerveza negra o el birramisú.
  • Cervezas tostadas y ámbar: Son ideales para bizcochos especiados, brownies o postres con caramelo, ya que aportan un fondo dulce y acaramelado muy equilibrado. Nuestra recomendación: La Moritz Epidor es imbatible aquí por su fuerza y su perfil maltoso.
  • Cervezas claras y ligeras: Son perfectas para masas finas, bizcochos cítricos o postres con frutas, aportando frescor y toques florales. Nuestra recomendación: Quédate con la Moritz Original para aligerar cremas o aromatizar almíbares frutales.

Los mejores postres con cerveza

Si quieres sentirte como el mismísimo Remy en Ratatouille, tienes que dominar el arte de la repostería cervecera, y estas cuatro recetas con cerveza son perfectas para experimentar:

Tarta Guinness o de chocolate y cerveza negra

Se podría considerar uno de los postres cerveceros más famosos, y no hay más que probarlo para comprobar que, efectivamente, genera obsesión al primer mordisco. Si estás buscando irrumpir en el mundo de las tartas con cerveza por la puerta grande, la tarta Guinness es tu apuesta más segura.

Esta es la receta de la tarta Guinness:

  • Ingredientes clave: 250 ml de cerveza negra, 250 g de mantequilla, 75 g de cacao puro en polvo, 400 g de azúcar, 140 ml de nata líquida, 2 huevos, 1 cucharada de vainilla, 250 g de harina de repostería y 2 cucharaditas de bicarbonato sódico.
  • Paso a paso:
  1. Calienta la cerveza negra con la mantequilla en un cazo a fuego suave hasta que se derrita, sin dejar que hierva. Retira del fuego e integra el cacao y el azúcar con unas varillas.
  2. En un bol aparte, bate los huevos con la nata y la vainilla. Añade esta mezcla al cazo de la cerveza (ya templada) y remueve bien.
  3. Tamiza la harina con el bicarbonato e incorpóralos suavemente a la masa con movimientos envolventes, sin batir en exceso.
  4. Hornea a 180°C durante 45-50 minutos en un molde desmontable. Deja enfriar.
  5. Para la cobertura, bate 300 ml de nata fría, 150 g de queso crema y 100 g de azúcar glass hasta que quede firme, y extiéndelo sobre el bizcocho.
  • Por qué funciona: Durante el horneado, el alcohol se evapora por completo. Sin embargo, los matices de la malta en la cerveza tostada se alían con el chocolate, multiplicando su intensidad y aportando una textura esponjosa y húmeda inigualable.

Brownie a la cerveza 

El brownie tradicional gana muchísima intensidad cuando se cocina con cerveza. El secreto aquí es utilizar una cerveza tostada con alta graduación y notas acarameladas, que intensifica el sabor del chocolate

  • Ingredientes clave: 150 ml de cerveza negra, 200 g de chocolate negro (mínimo 70% cacao), 110 g de mantequilla sin sal, 3 huevos, 200 g de azúcar (blanco o mezcla con moreno), 100 g de harina de repostería, 50 g de cacao puro en polvo, una cucharadita de extracto de vainilla y una pizca de sal. 
     
  • Paso a paso
  1. Vierte la cerveza negra en un cazo pequeño a fuego suave y déjala reducir a la mitad de su volumen. Con esto consigues evaporar el alcohol y concentrar los azúcares acaramelados de la malta. Reserva y deja templar.   
  2. Trocea el chocolate negro y ponlo en un bol junto con la mantequilla. Extiende su textura derritiéndolo al baño maría o en el microondas (en tandas cortas de 30 segundos para que no se queme). Remueve hasta lograr una crema lisa y brillante.   
  3. En un recipiente amplio, bate los huevos con el azúcar hasta que la mezcla gane volumen y quede espumosa. Incorpora la vainilla, la pizca de sal y la reducción de cerveza negra que habías preparado al principio.   
  4. Vierte el chocolate fundido con la mantequilla en el bol de los huevos sin dejar de remover para que todo se ligue perfectamente.   
  5. Tamiza la harina de repostería y el cacao en polvo sobre la masa. Mezcla suavemente con una espátula lo justo para que no queden rastros secos, buscando una textura densa y homogénea.   
  6. Pasa la masa a un molde (de unos 20x20 cm) cubierto con papel vegetal. Con el horno precalentado a 175 °C, cocina el brownie durante unos 35-40 minutos. Al pinchar el centro con un palillo, este debe salir con alguna miga húmeda pegada. Si sale limpio del todo, te habrás pasado de cocción. 
     
  • Por qué funciona: Al no llevar levadura, el brownie depende de la densidad de sus ingredientes. Los azúcares complejos no fermentados presentes en la cerveza tostada retienen la humedad dentro del horno, evitando que el bizcocho se seque. A nivel de sabor, el amargor sutil del lúpulo equilibra la grasa de la mantequilla y la potencia del cacao, logrando que sea un postre rotundo pero nada empalagoso
     

Birramisú (Tiramisú de cerveza negra) 

Una vuelta de tuerca al clásico italiano que sustituye parte del café por un almíbar concentrado de cerveza artesanal. Las notas torrefactas de las maltas oscuras encajan de forma milimétrica con la cremosidad del queso. 

  • Ingredientes clave: Bizcochos de soletilla (entre 14-16), 200 ml de cerveza negra con cuerpo, 500 g de queso mascarpone, 3 huevos frescos, 6 cucharadas de azúcar y cacao en polvo amargo. 
     
  • Paso a paso
  1. Separa las claras de las yemas de los tres huevos. En un bol amplio, bate las yemas con tres cucharadas de azúcar hasta que blanqueen y queden bien cremosas. Después, incorpora el queso mascarpone y mezcla con suavidad hasta lograr una masa uniforme y sin grumos. 
  2. En otro recipiente limpio, monta las claras a punto de nieve junto con las otras tres cucharadas de azúcar restantes. Cuando estén firmes, incorpóralas poco a poco al bol del mascarpone utilizando una espátula y haciendo movimientos envolventes para que no se baje el aire. 
  3. Prepara los 200 ml de cerveza negra. Puedes utilizarla fría directamente o, si buscas un extra de intensidad, darle un hervor rápido a fuego medio con un toque de azúcar para formar un almíbar ligero. Pasa los bizcochos de soletilla por la cerveza de forma rápida ( es un "vuelta y vuelta" para que absorban el sabor sin llegar a romperse). 
  4. En una fuente o repartido en vasos individuales para una presentación más cuidada, monta la estructura. Coloca una primera base de bizcochos borrachos de birra y cúbrela con una capa generosa de la crema de mascarpone. Repite el proceso haciendo un segundo piso. 
  5. Mete el postre en la nevera durante un mínimo de 3 o 4 horas. Este paso es fundamental para que la crema tome cuerpo y los aromas de la cerveza se asienten bien en el bizcocho. 
    Antes de servirlo, cubre toda la superficie espolvoreando cacao en polvo amargo con la ayuda de un colador. 
     
  • Por qué funciona: Las cervezas tipo Stout o Porter comparten compuestos aromáticos con el grano de café tostado debido al proceso de tostado de la cebada. Al juntar la cerveza con el mascarpone, la ligera acidez del fermento corta la pesadez láctica del queso, potenciando los matices dulces y volviendo la crema del tiramisú mucho más ligera en boca

Del barril al pastel: cocina a otro nivel 

La próxima vez que te toque preparar una cena especial, salte del guion tradicional. Diviértete probando estos platos porque, al fin y al cabo, la vida es demasiado corta para beber sin ganas y para comer postres aburridos. Estas recetas son perfectas para cualquier fin de semana, pero si quieres coronarte como un auténtico cervecero, utilízalas para celebrar el Día Internacional de la Cerveza por todo lo alto. Y si alguien te dice que la cerveza no pinta nada en un postre, invítale a probarlo: seguro que cambia de tercio...

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